AKITA AMERICANO
El origen de esta raza de perros se remonta a inicios del siglo quince en la región japonesa de Akita (de donde toman su denominación) y también puede ser designado como Gran Perro japonés. La estructura de estos animales se conoce como molosoide.
La historia de esta raza canina ha pasado por diversas variantes que tienen que ver con la forma cómo fue criado así como las diversas cruzas que se fueron realizando a lo largo de los siglos. En la década del cincuenta del pasado siglo XX los criadores japoneses retomaron el tipo antiguo de esta raza, comenzado a cruzar el perro Akita ichinoseski (creada por el ingeniero del mismo nombre).
Básicamente, puede decirse que el Akita Americano estándar cuentan con un temperamento muy tranquilo pero sumamente alerta ante la inminencia del peligro. Muchos historiadores caninos relacionan ese temperamento con el de los antiguos guerreros japoneses, lo que ha servido de base a muchas historias y aproximaciones desde el punto de vista de la ficción (literatura, cinematográficos, etc.).
Es un perro muy fiel a su amo y capaz de soportar las más fuertes adversidades (físicas, climáticas, etc.). Su ladrido es muy particular pero no estamos ante un perro que ladre demasiado. De hecho, sus ladridos son vocalizados en muy pocas ocasiones a lo largo del día.
El pelaje de este perro puede ser blanco o negro. Llevan siempre la cola enroscada sobre el lomo y, en cuanto a su aspecto general, hay ejemplares que lucen una máscara blanca siendo negro el resto del cuerpo o viceversa. A veces, algunos ejemplares carecen de máscara o, en cambio, la cabeza aparece completamente blanca o negra en su totalidad.
El Akita Americano es muy celoso de su territorio o zona de influencia y, generalmente, demuestran mucha agresividad con otros perros, sobretodo si se trata de ejemplares machos. |