PEKINÉS
El perro Pekinés es una raza que proviene del Este de Asia y los especialistas en estudios caninos la consideran como una suerte de desviación de los llamados “perros lanudos” provenientes del Tibet. El origen de estos perros se remonta a alrededor de cuatro mil años atrás aunque su aparición oficial se ubica durante la dinastía H`ang, en el siglo octavo.
La religión Budista convirtió al perro Pekinés en un auténtico símbolo de la manifestación religiosa. El nombre de la raza tiene que ver con el hecho de que este perro moró durante siglos en la Ciudad Prohibida de Pekín, sin trascender las fronteras hacia el mundo exterior.
El Pekinés tiene una forma algo rectangular, con unas patas muy cortas y tiende a ser de cuerpo alargado antes que ancho. La cabeza es enorme para el resto del cuerpo y, en la parte de arriba del cráneo es plana y muy ancha. Otra interesante particularidad la constituyen los variados pliegues que aparecen en su rostro. Los ojos son muy oscuros y brillantes y están muy espaciados en la cara.
La nariz del perro Pekinés es muy corta y de un profundo color negro. El inicio de la nariz (desde arriba) se encuentra en el centro mismo de los ojos y los orificios de aquella son muy abiertos y prominentes. Tanto la boca como el hocico de este perro son muy chatos y cortos. Si se observa el frente de la cara desde el perfil, parece una forma vertical. Generalmente, los dientes del Pekinés aparecen todo el tiempo, tendiendo a su exhibición permanente.
El cuerpo del Pekinés suele ser muy masivo para su corto tamaño. La anchura del pecho y el tronco tiende a descender hacia la parte trasera del animal que, además, mantiene la espalda en posición horizontal. El pelaje de esta raza de perro se compone por dos mantas. El pelaje externo es muy abundante y largo mientas que el manto interno o interior tiende a ser muy fino y sumamente denso. |